domingo, 4 de marzo de 2012

LIT. ARGENTINA (6to--extraer lo + importante)



Hotel Argentino , donde José Hernadez escribió el Martín Fierro
José Hernandez
Hilario Ascasubi
Eduardo Guitierrez
Estanislao del Campo
La gauchesca  fue señalada, por críticos como Ricardo Rojas y Ángel Rama, como un sistema "paralelo" que se desarrolla a lo largo del siglo XIX. Es, en cierto modo, el gran género de la literatura argentina (con un trabajo específico sobre la lengua y sobre las formas), aunque al mismo tiempo es un género que resultó por mucho tiempo ilegible como literatura. Sin modelo europeo, la gauchesca nace y alcanza su plenitud en el siglo XIX y presenta dos rasgos que, en su simultaneidad, la definen contradictoriamente. Por su materia y por su pretensión mimética de la oralidad rural, remite a prácticas, saberes y decires tradicionales. Por su sistema de circulación, por su cruce con los grandes problemas sociales y políticos de su tiempo y por las operaciones que realiza en y con la lengua, se diría que está por delante de otras formas literarias coetáneas con las cuales, sin embargo, siempre parece colocarse en una posición de minoridad. La operación que define a la literatura gauchesca es la cesión, por parte del autor, de la voz al personaje gaucho. Esta lengua gauchesca en verso no es -como con sagacidad señaló Jorge Luis Borges- una mímesis de la lengua hablada por los gauchos como sujetos sociales, sino un producto retórico y literario, creado en y por el género. Se afirma que la gauchesca organiza un sistema literario paralelo porque, a pesar de que el texto más reconocido es elMartín Fierro (1872-1879) de José Hernández, hay una línea de textos y autores que organizan una tradición propia, desde las primeras hasta las última décadas del siglo XIX, aunque en muchos casos se trate de producciones anónimas. Un breve itinerario del género podría iniciarse en el virreinato. El canónigo Juan Baltazar Maciel (1727-1788) escribe en 1777 el romance "Canta un guaso en estilo campestre los triunfos del Excmo. señor don Pedro de Cevallos". El poema se aparta de la lírica culta para tentar una veta popular. Sus primeros versos ("Aquí me pongo a cantar / debajo de aquestas talas") presentan una fórmula que será común a la gauchesca y que llegará ya consagrada hasta el Martín Fierro.
Los textos de Bartolomé Hidalgo (1788-1822) fueron clasificados según dos especies genéricas diferentes: los diálogos y los cielitos. El cielito proviene del estribillo "cielo, cielito, cielo", con numerosas variantes en su formación lírica. A través de ellos Hidalgo desarrolló su poesía militante durante las luchas por la independencia entre 1811 y 1816. Losdiálogos (1821 y 1822), más escenográficos, presentan interlocutores gauchos que conversan (Jacinto Chano y Ramón Contreras) y una estructura más o menos similar: una introducción y una plática confidencial entre la gente del pueblo. Hidalgo deja marcado el camino para otras expresiones gauchescas. En la década del veinte pueden registrarse, funcionando en el interior del sistema gauchesco, los periódicos encendidos del Padre Castañeda; en la década del treinta los de Luis Pérez, rosistas, acompañan la lucha de facciones: El Torito de los MuchachosEl gauchoLa gauchaEl negritoEl toro del once, etc.
Hubo, también, gauchesca unitaria, a través de Hilario Ascasubi (1807-1875), versos que el autor recopiló en 1872 bajo el título Paulino Lucero (del período 1839-1851) y Aniceto el gallo (del año 1854 e inéditos). Una obra significativa es el Fausto (1866) de Estanislao del Campo, texto paródico, en el que Anastacio el Pollo relata a su compadre Laguna, como si se tratara de sucesos verdaderos, lo que ha visto en una representación del Fausto en el teatro Colón.
En 1872 José Hernández (1834-1886) publica, con inesperado suceso, el mayor exponente del género, El gaucho Martín Fierro. Siete años más tarde, en 1879, presenta la edición de La vuelta de Martín Fierro. Aunque son muchos los relatos y novelas que toman como protagonistas de sus obras a personajes gauchos, por ejemplo Eduardo Gutiérrez en sus folletines, estos textos, llamados criollistas construyen sólo de una manera muy limitada (a través de algunas voces o giros) una voz del gaucho.

AUTORES GENERACIÓN 80 (6to--leer)


Siglo XIX
La generación del 80
 
Los escritores y la época
Miguel Cané
Juvenilla de Miguel Cané
Eugenio Cambaceres
Ernesto Quesada
Joaquín V. González
Manuel Estrada
Libro de Carlos Guido y Spano
Pedro Goyena
Eduardo Wilde
José S. Alvarez
Lucio V. López
Guido y Spano
Martín García Mérou
Estanislao Zeballos
Ricardo Gutierrez
Caricatura de Rafael Obligado
Almafuerte
Julian Martél
Eduardo L. Holmberg
El período de luchas y de divergencias políticas que siguió a la derrota de Rosas llegó a su término el 21 de setiembre de 1880, cuando un congreso en minoría, reunido en el pueblo de Belgrano, sancionó una ley que declaraba a la cercana ciudad de Buenos Aires capital de la República Argentina. Había llegado a su fin un viejo pleito entre porteños y provincianos y se iniciaba una nueva época en nuestra evolución histórica, con grandes cambios en el panorama material y cultural. Ese mismo año ocupó la presidencia el joven militar Julio Argentino Roca que dispuso asentar al país sobre nuevas bases. Desde esa época el crecimiento de Buenos Aires fue asombroso. En la década comprendida entre 1880 y 1890, la población de la capital aumentó en un 84 por ciento, mientras que en el resto del país, sólo creció en un 29 por ciento. La gran ciudad absorbió riquezas y derechos en perjucio de las provincias y dio origen a un desequilibrio que es visible en la época actual. Las sucesivas oleadas de inmigrantes se detuvieron en Buenos Aires,mientras que sólo en escasa proporción esos europeos avanzaron sobre la desolada campaña para poblarla.
El gobierno y los cargos públicos de importancia fueron ocupados por una minoría con capacidad ejecutiva y mentalidad semejante al antiguo despotismo ilustrado, que se propuso engrandecer al país sin que el pueblo participara con sus decisiones. De ideología liberal y progresista, partidaria de la cultura europea, la minoría dirigente emprendió su labor con el lema de paz y administración para fomentar el desarrollo en todas sus manifestaciones, desde la conquista del desierto en poder de los indios y el trazado de vías férreas, hasta la radicación de capitales extranjeros.
En torno a la epoca de la federalización de Buenos Aires, un grupo de escritores se destaca en este período de la nación organizada, al lado de las personalidades sobrevivientes de la proscripción. Casi todos ellos participaron en política por medio de la pluma o en importantes cargos públicos y otras veces, su actividad literaria fue un mero pasatiempo. Se los conoce como integrantes de la generación del 80 porque sus principales figuras alcanzaron la madurez a partir de ese año de profundos cambios, que convirtieron a la "gran aldea" de Buenos Aires, en una ciudad cosmopolita.
Siempre resulta difícil agrupar con categoría absoluta y bajo un común denominador acontecimientos de carácter cultural, por esto, el concepto de generación ha sido discutido y aun negado por estudiosos de mérito. En el aspecto literario, se parte del principio que los escritores nacidos y educados dentro de una misma época y que actuaron bajo semejantes influencias políticas, sociales y económicas, reflejan en sus obras una unidad de criterio de acuerdo con el período cronológico en que desarrollaron su actividad. No siempre se encuentra respuesta positiva a este principio, y además, es sabido que algunas figuras sobrepasan con su prestigio los límites cronológicos de una época literaria o científica.
Con todo y sometiendo el concepto de generación a cautelosos reparos, puede admitirse que en torno al eje cronológico del año 1880, actuó en nuestro país una pléyade de intelectuales que dieron una fisonomía característica a las letras y a la política y que se conoce con criterio muy amplio como la generación del 80.
Integran el grupo literario más importante Miguel Cané ,Lucio V. Mansilla,  Eduardo Wilde , Lucio V. López (1848-1894), Eugenio Cambaceres , Martín García Mérou , José S. Alvarez con el seudónimo de Fray Mocho y Paul Groussac . No tan representativo de la época, pero un gran valor dentro de nuestras letras fue el riojano Joaquín V. González . También debe citarse a los parlamentarios católicos José Manuel Estrada  y Pedro Goyena . Con respecto a los poetas, integran entre las figuras representativas del 80 —una segunda generación romántica. Puede mencionarse aRicardo Gutiérrez , Olegario V. Andrade (1839-1882), Rafael Obligado  y Carlos Guido y Spano . Aunque perteneciente por su edad a la generación del 80, pero apartado de ella, figura el poeta de los humildes, Pedro Bonifacio Palacios(1854-1917) conocido con el arrogante seudónimo de Almafuerte y sin duda, una de las más discutidas y desconcertantes personalidades de nuestra literatura.
 
Caracteres de la generación literaria
Ricardo Rojas agrupó a los escritores de la generación del 80 con el título de prosistas fragmentarios debido a la falta de continuidad en sus pensamientos, reflejado en obras carentes de unidad orgánica. Fueron hombres de mundo que viajaron a Europa y alternaron las amenas conversaciones de los elegantes clubes con los libros y la labor política e intelectual. Escribieron ensayos, artículos periodísticos, recuerdos autobiográficos, anécdotas, breves narraciones y juicios sobre la época en que vivieron. No fueron autores de obras doctrinales, ni tampoco dejaron investigaciones ni largas novelas. En su gran mayoría pertenecieron a la clase social gobernante y su mentalidad y posición económica les hizo admirar la cultura europea, con sus tesoros artísticos y su mundana sociabilidad. Muy idealistas, abrazaron con vehemencia las ideas liberales y el positivismo, mientras algunos de ellos —al ocuparse de la historia patria— trataron de demostrar el fracaso de los grandes proyectos de la generación anterior. Negaron principios y creencias de la mayoría y con escepticismo sostuvieron un cambio en el rumbo social y cultural de la Argentina.
Sobre la generación del 80 escribió Carlos Ibarguren: "Fue de escépticos y de materialistas, cuyo pensamiento seguía la acción cambiante y apresurada de un país en formación y de una sociedad que evolucionaba. El positivismo filosófico, las corrientes científicas predominantes a fines del siglo pasado, el enorme desarrollo industrial y económico europeo, las masas de hombres y de oro que empezaron a venir a estas playas, trasformando velozmente nuestra tierra, dieron al núcleo director argentino la visión utilitaria y sensual de la vida.
El humor y la ironía constituyen dos rasgos característicos de los escritores de este período. La figura más representativa del humorismo fue Eduardo Wilde hombre extravagante y de prosa familiar que sin preocuparle el estilo, dejó pruebas de su originalidad e ingenio en ocurrentes frases.
La critica literaria contó con destacados representantes en la época que nos ocupa. Calixto Oyuela (1857-1935) fue autor de dos tomos sobre Estudios Literarios y de la ampliaAntología de poetas hispanoamericanos (1919-1920); Martín García Mérouque en sus obras de crónica y crítica literaria reflejó el movimiento intelectual de la generación del 80 yPaul Groussac, un escritor incisivo y satírico, de muy variada producción y certeros juicios críticos.
Existió también una tendencia a la evocación o recuerdo del pasado, con anécdotas y reminiscencias de episodios en gran parte presenciados por sus autores. Aunque sin base documental, constituyen páginas de apreciable valor, debido a su intimidad. José Antonio Wilde (1813-1885) obtuvo gran éxito con un libro de recuerdos que tituló Buenos Aires desde 70 años atrás al igual que Vicente G. Quesada (1830- 1913) —con el seudónimo de Víctor Gálvez—, autor deMemorias de un viejo, publicadas en 1889. Dentro de esta literatura evocativa también figuran Juvenilia, el conocido libro de Miguel Cané y el escrito por Santiago Calzadilla titulado Las beldades de mi tiempo, que se editó en 1891.
La prosa del 80 expresó la hostilidad de las clases aristocráticas de la sociedad porteña hacia los inmigrantes extranjeros. Esta actitud xenófoba se advierte con nitidez en algunos novelistas como Eugenio Cambaceres en su obra titulada En la sangre (1887) y también en Antonio Argerich con ¿Inocentes o culpables? (1884), que señalan en esencia una especie de hartazgo hacia lo europeo. La gran llegada de inmigrantes a Buenos Aires favoreció a las corrientes ideológicas del liberalismo y del materialismo, para dar origen a un amplio movimiento destinado a secularizar todos los estratos sociales. Se enfrentaron entonces el laicismo contra la fe católica a través de memorables debates originados al discutirse la ley de enseñanza laica (año 1884) y proyecto sobre el matrimonio civil (1888). Entre los pensadores católicos se destacó José Manuel Estrada (1842- 1894).
La campaña al desierto realizada por el general Roca en el año 1879 actualizó el tema del indio y el problema derivado sobre la posesión de sus tierras. Si bien Lucio V. Mansillase anticipó con su obra Una excursión a los indios ranqueles, la temática sobre el aborigen adquiere el carácter de novela de aventuras con Estanislao S. Zeballos , autor de una trilogía de tono rornántico
 
La prosa de imaginación
La novela no existió en nuestra literatura del periodo hispánico, durante los siglos XVI, XVII y XVIII. En épocas de los "proscritos" —siglo XIX— se considera a El matadero deEcheverría como nuestro primer cuento y Amalia de Mármol, la obra que inicia la novela. Pero sólo en la década del 80, la prosa de imaginación adquiere verdadera importancia en la vida literaria argentina. Bajo la influencia de un naturalismoheredado del escritor francés Emilio Zola —con la pintura detallista de ambientes y caracteres— y también delrealismo, la imaginación culmina en este período conEugenio Cambaceres, reconocido por la crítica como uno de los fundadores de la novela en nuestro medio.
En épocas de la Organizacion Nacional las más difundidas novelas de autores extranjeros —entre ellos Zola y Flaubert— eran ya conocidas en nuestros círculos intelectuales. Los escritores argentinos —salvo algunos intentos— no habían incursionado por el género literario de la imaginación.
Al comentar una obra del norteamericano Cooper, escribió Mariano Pelliza en 1879: "Pobre es la América del Sur y pobre la República Argentina de libros propios destinados a reflejar sus costumbres, su natura!eza o su historia en la forma de la novela."
El proceso de evolución hacia una novela nacional lo inició con sus folletines Eduardo Gutiérrez (1851-1899), cuya obra recién en la actualidad ha sido valorada en su real importancia. Demostró su capacidad literaria a través de artículos aparecidos en diversos periódicos, entre ellos " La Tribuna", "La Época" y " Sud-América". Pasó buena parte de su vida componiendo cuartillas sobre una reiteración temática: el paisano honrado que debido a las injusticias policiales se convierte en matrero. Su folletín más popular titulado Juan Moreira —basado en un personaje real— fue llevado a escena por el actor José Podestá en 1886, año que marca un proceso de gran importancia en el teatro nacional. Era evidente que Gutiérrez había incorporado el populismo a nuestra literatura, pero sus dramones de suspenso policial estaban al margen de la novela culta.
Hacia 1884, el género novelesco inicia en Buenos Aires su marcha ascendente. En la corriente del naturalismo debe ubicarse al médico Antonio Argerich (1862-1924), que en su obra ¿Inocentes o culpables? (1884) se ocupó de la inmigración y de los problemas sociales derivados de los conventillos. Francisco Sicardi (1856-1927) se graduó de médico en 1883 e incursionó por la literatura con varias novelas, entre ellas la titulada Libro extraño, que se compone de varias partes. Evocó cuadros de costumbres con personajes patológicos hundidos en la miseria, el dolor, la enfermedad y el crimen. Otro médico, Manuel T. Podestá (1853-1918), escribió Irresponsable, cuyo protagonista es un incapacitado enfermo mental que enfrenta a la sociedad que lo rodea. La principal figura de la novela naturalista en la generación del 80 fue Eugenio Cambaceres, que fue 
el novelista más importante del período, escribió cuatro textos. Pot-Pourri (1881) y Música sentimental (1884),aunque toman como núcleo narrativo el adulterio, se recortan de la producción naturalista por su estilo conversador, y su estructura fragmentaria y de collage; el mal social en ellas, además, está depositado en la corrupción, la hipocresía y la impericia de la clase dirigente. Sin rumbo (1885), aunque más compleja, es ya una novela naturalista, y En la sangre (1887) resulta, en su denuncia del inmigrante arribista, paradigmática hasta la caricatura. 
La obra que expresa con mayor exactitud los cambios sociales y culturales de la ciudad porteña en el período que nos ocupa, se titula La gran aldea debida a la pluma de Lucio Vicente López (1848-1894), nieto del autor de la letra del Himno Nacional e hijo del historiador Vicente Fidel. La novela fue conocida primeramente por folletines a través del diario "Sud-América" y editada en forma de libro en 1884. En torno a la historia de los desparejos amores de un anciano y una joven —don Ramón y Blanca— se ocupa en animadas páginas evocativas del desarrollo de Buenos Aires con tipos característicos, manejos políticos y costumbres. A pesar de sus imperfecciones de lenguaje y excesos en la temática —un final truculento— La gran aldea no ha perdido su gran valor documental.
Una novela breve escrita por José María Cantilo (1840-1891) y titulada La familia Quillango, satiriza a un rico estanciero que se traslada del campo a Buenos Aires, donde compra una casa y habita con su mujer y tres hijos. El autor describe el esfuerzo de un hombre rústico que pretende adaptarse a la vida urbana.
La crisis económico financiera producida en el trascurso de la presidencia de Juárez Celman, a causa de la fiebre del dinero y de la especulación, así como también al afán de enriquecimiento, culminó en 1890 con la quiebra de la Bolsa de Comercio. Algunos literatos inspiraron sus novelas en la embriaguez corruptora de aquella época, en que se extendió por doquier la ganancia segura basada en promesas y papeles carentes de valor.
El bohemio Jose María Miró (1867-1896), con el seudónimo de Julián Martel publicó en forma de folletín en "La Nación" (en 1891) un estudio social titulado La Bolsa. Obra realista —fue testigo de los episodios como cronista bursátil— describe la sociedad envilecida por la especulacion y el ansia de lujo y riquezas. En el mismo año, Segundo Villafane (1860-1337) dio a conocer Horas de fiebre, novela en parte semejante a la anterior pues documenta el proceso de crisis. Carlos María Ocantos (1860-1949), un autor de importancia, miembro de la Academia Española de la Lengua, escribió Quilito (1891), en que relata el drama de una familia arruinada por la crisis de la Bolsa, con sus problemas domésticos, pasiones y virtudes.
Los relatos fantásticos (y policiales) de Eduardo Ladislao Holmberg (1852-1937), publicados en diversos periódicos y semanarios porteños entre 1875 y 1898, muestran un uso literario del saber científico divergente al de otros escritores del ochenta. La ciencia (psiquiatría, frenología, sociología, biología) no aparece en sus textos como digresión erudita y diletante, tampoco como sistema de interpretación que sistematiza y cierra las tensiones del universo novelesco o narrativo. El saber científico se transforma en sus cuentos en núcleo productivo a partir del cual la ficción se desencadena en forma autónoma. Entre los relatos más interesantes pueden citarse: "Dos partidos en lucha" (1875), "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac" (1875), "Horacio Kalibang o los autómatas" (1879) y las "nouvelles" NellyLa bolsa de huesos y La casa endiablada, publicadas en 1896. También pueden leerse en la serie de la literatura fantástica: los relatos de Eduardo Mansilla (1838-1892), reunidos enCreaciones (1883); El Doctor Whüntz (1880) de Luis Varela (1845-1911), firmados bajo el pseudónimo de Raúl Waleis; y algunos de los textos recogidos en Paginas literarias (1881), de Carlos Monsalve.
 
La crítica literaria
Uno de los rasgos característicos de los escritores del 80 fue la inclinación a la crítica literaria, es decir, a juzgar la obra escrita por su contemporáneo, sea ella un libro o un estreno teatral. En este aspecto, la actividad desplegada fue abundante y en términos generales no excedió del comentario epistolar o de la breve nota en un periódico. Algunos nombres deben destacarse por su eficiente preparación científica y situarlos como los primeros críticos de la literatura argentina, continuadores del precursor y solitario Juan María Gutierrez.
Calixto Oyuela, profesor universitario, miembro correspondiente de la Real Academia Española y primer presidente de la Acadernia Argentina de Letras (1931) fue un crítico de vasta cultura literaria. Admirador de los clásicos y de las letras españolas, polemizó con Groussac y otros liberales de la generación del 80 que se opusieron a lo hispánico. Rígido preceptista, no cedió en sus firmes convicciones estéticas y sostuvo la fórmula del "arte por la belleza". Ya nos hemos referido a sus obras tituladas Estudios literarios (1915) y Antología poética hispanoamericana (1919- 1920) .
El francés Paul Groussac, que arribó a los dieciocho años a nuestro país (1886) ignorando el idioma de la nueva tierra, no tardó en convertirse en un destacado investigador y en el crítico de mayor importancia de la literatura argentina hasta la segunda década de la presente centuria. Penetrante ensayista, ejerció por más de cuarenta años la dirección de la Biblioteca Nacional, tarea que le permitió dominar el pasado histórico argentino y desarrollar con amplitud su labor de investigador y de escritor. Respetado y temido maestro, aplicó una metodología de rigor documental y un estilo expositivo cáustico y preciso. De sus obras recordemos: Del Plata al Niágara (1897), Santiago de Liniers (1907), Crítica literaria (1924) y Mendoza y Caray (1929).

jueves, 1 de marzo de 2012

Escribir un cuento ( 2do-3ro imprimir)


VAMOS A ESCRIBIR UN CUENTO
    He aquí una serie de sugerencias que, seguidas paso a paso, conforman una de las estrategias posibles que permiten obtener ideas para escribir un cuento y presentarlo ( "editarlo" ).
1) Escribir varias ideas sobre los temas posibles. ( Torbellino:  Sirven todas las ideas, aunque sean disparatadas. )
2) Seleccionar el tema elegido, que puede girar entorno a una o a varias de las ideas ( sin despreciar las otras  ideas que  nos  pueden  servir como temas secundarios )
3) Escribir ideas para desarrollar el tema seleccionado.  ( Se escriben todas, aunque nos parezcan disparatadas o indecuadas )
4) Conviene hacer  la ficha del esquema general para tener una visión global  ( Aunque, más adelante, el resultado final pueda ser diferente de la ficha, pero éste es un modo de dar los primeros pasos, uno de los momentos más difíciles )
 
          TITULO ( Provisional )
          MARCO  ( No debe ser muy amplio )
             Epoca
             Lugar
             Personajes:
                                  Protagonista
                                  Antagonista
                                  Otros
                                                     Para describir personajes pincha aquí
          EPISODIO ( Puede haber varios )
              Dificultad que surge
              Acciones para resolverla
              Solución
          FINAL ( Colofón )
          AUTOR
 
        5) Escribir el borrador.
             Hacerlo a lápiz con renglones muy separados. ( No es preciso si se usa ordenador )
             Ir recogiendo las ideas del número 3 ( incluso del 1 )
             El lugar y la época pueden aparecer claramente especificados o indefinidos.
             Los personajes pueden describirse conforme van apareciendo.
             Si tiene varios episodios, el más importante y/o decisivo debe redactarse al final.
             Cada episodio puede ir encabezado por un epígrafe.
        6) Revisar el borrador.
            Dejar pasar un espacio de tiempo ( horas, días,  ) Revisar el borrador y suprimir
            ( borrar)  lo que no nos guste o añadirle ( en los huecos de los renglones muy separados )
            las nuevas ideas que se nos hayan ocurrido.
            Ya hemos dicho que, si usas el ordenador,  no es preciso dejar esos huecos entre
             renglones.
        7) Comprobar:
             Si se han hecho puntos y aparte. ( Es más legible si está dividido en varios párrafos )
             Si se han hecho puntos y seguido dentro de los párrafos.
             Si se han utilizado las comas adecuadamente.
             Si se han empleado correctamente los signos "¿?"  y  "¡!".
             Si se han utilizado correctamente las rayas de los diálogos.
             Si se han utilizado bien las mayúsculas.
             Si la historia se entiende con claridad. ( Aclarar lo que esté confuso )
             Si hay palabras que se repiten demasiado. ( Sustituirlas por sinónimos )
        8) Hacer la redacción definitiva.
        9) Cuidar una buena presentación
              Puedes hacerlo así:
                  - El título con letra más grande.
                  - Letra clara y renglones rectos.
                  - Escribir con bolígrafo ( mejor a máquina u ordenador )
                  - Dejar unos 2 cm. para el margen de la izquierda ( un margen menor en la derecha )
                  - Escribir por una sola cara.
                  - La portada con el título, nombre del autor y algún dibujo. ( Fíjate en algún libro )
                  - El texto del comienzo del cuento debe empezar de modo que, sobre él, quede,
                    aproximadamente,  una  cuarta  parte de la página en blanco.
                  - Si está dividido en capítulos, cada uno debe comenzar en una nueva página y con la
                     misma condición del  punto  anterior.
                  - Cada capítulo puede llevar título o número de orden.
                  - Al final pon una página en blanco.
                  - La primera y la última páginas pueden ser de cartulina, a modo de tapas.
                  - En cualquier caso, preséntalo bien encuadernado. 

VIDA MODERNA ( 6to año -imprimir)


Vida moderna 
Río IV, etc., etc. 

Mi querido amigo: 

Por fin me encuentro solo con mi sirviente y la cocinera: una señora cuadrada 
de este pueblo, muy entendida en política y en pasteles criollos. 

Ocupo una casa vacía que tiene ocho habitaciones, un gran patio enladrillado 
y un fondo con árboles y con barro. Tengo dos caballos de montar y uno de 
tiro. Mi dotación de amigos es reducida; total: dos viejos maldicientes. He 
traído libros y paso mi vida leyendo, paseando, comiendo y durmiendo. Esto 
por sí solo constituye una buena parte de la felicidad; el complemento, ¡quién 
lo creyera!, se encuentra también a mi alcance, aquí, en este pueblo solitario y 
en esta casa medio arruinada y desierta. 

¡Soy completamente feliz! Básteme decirte que nadie me invita a nada, que no 
hay banquetes, ni ópera, ni bailes y, lo que parece mitológico en materia de 
suerte, no tengo ni un bronce, ni un mármol, ni un cuadro antiguo ni moderno, 
no tengo vajilla ni cubiertos especiales para pescado, para espárragos, para 
ostras, para ensalada y para postres; ni centros de mesa que me impidan ver a 
los de enfrente, ni vasos de diferentes colores, ni sala, ni antesala, ni escritorio, 
ni alcoba, ni cuarto de espera; todo es todo; duermo y como en cualquier parte; 
el caballo de montar entra a saciar su sed al cuarto de baño, en la tina, antes 
que yo me bañe, con recomendación especial de no beber de a poquitos, ni 
dejar gotear en la bañadera el sobrante del agua que le queda en el hocico.  

*
MINISTERIO DE EDUCACIÓN   
Temas y Actividades 
Lengua 

Servicio de Educación a Distancia 

5
Recuerdo que cuando era niño conocí un viejo, hombre importante, 
acomodado, instruido y muy culto. Pues el viejo no tenía en su cuarto de recibo 
sino seis sillas, una mesa grande con pies torneados, gruesos y groseros, 
cubierta con una colcha usada, sobre la cual estaba el tintero de plomo con 
tres agujeros en que permanecían a pique tres plumas de pato o ganso. Había 
además papeles, libros, tabaqueras, anteojos y naipes. De noche se reunían 
allí los hombres más notables del pueblo: el cura, el corregidor, el juez de 
letras, el tendero y otros ilustres habitantes. Allí se hablaba de la política, de la 
patria, de la moral y de la filosofía, tópicos que ya no se usan. Concluida la 
tertulia, el viejo se retiraba a su dormitorio cuyo mobiliario y adorno consistían 
en una cama pobre, una mesita ética, una silla de baqueta, un candelero de 
bronce con vela de sebo, una percha inclinada como la torre de Pisa, que se 
ladeaba más cuando colgaban en ella la capa de su dueño, y una imagen de 
san Roque, abogado de los perros. A pesar de esta desnudez, que 
escandalizaría hoy al más pobre estudiante, el viejo era muy considerado, muy 
respectado y vivía muy feliz; nada le faltaba. 

¡Dime ahora cómo se hallaría cualquiera de nuestros contemporáneos en tal 
miseria! Cuando me doy cuenta de lo estúpidos que somos, me da gana de 
matarme. 

*
Por eso me gusta el poeta Guido Spano. 
La semana pasada lo encuentro en la calle y le digo: 
-¿Cómo le va?, tanto tiempo que no lo veo; usted habrá hecho también 
negocios!- No –me contestó-; soy el hombre más feliz de la tierra; me sobra 
casa, me sobra cama, me sobra ropa, me sobra comida y me sobra tiempo; no 
tengo reloj ¡y se me importa un comino de las horas! 

Con tamaña filosofía ¡cómo no había de estar ese hombre contento! 

En una ocasión me acuerdo haberlo visto en cama enfermo de reumatismo y 
tocando la flauta, con un pequeño atril y un papel de música por delante. 
Nunca he sentido mayor envidia por el carácter de hombre alguno. 

*
A mí también en Río IV me sobra todo, pero no tengo flauta, ni atril, ni música. 

¿Sabés por qué me he venido? Por huir de mi casa donde no podía dar un 
paso sin romperme la crisma contra algún objeto de arte. La sala parecía un 
bazar, la antesala ídem, el escritorio ¡no se diga!, el dormitorio o los veinte 
dormitorios, la despensa, los pasadizos y hasta la cocina estaban repletos de 
cuanto Dios crió. No había número de sirvientes que diera abasto; la luz no 
entraba en las piezas  por causa de las cortinas; yo no podía sentarme en un 
sillón sin hundirme hasta el pescuezo en los elásticos; el aire no circulaba por 
culpa de los biombos, de las estatuas, de los jarrones y de la grandísima 
madre que los dio a luz. No podía comer; la comida duraba dos horas porque 
el sirviente no me dejaba usar los cubiertos que tenía a la mano, sino los 
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Servicio de Educación a Distancia 

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especiales para cada plato. Aquí como aceitunas con cuchara porque me da la 
gana y nadie me dice nada ni me creo deshonrado. 

*
¡Mira, no sabes la delicia que es vivir sin bronces! No te puedes imaginar 
cuánto los aborrezco. Me han amargado la vida y me han hecho tomarle odio. 
Cuando era pobre, admiraba a Gladstone; me extasiaba ante la Venus de Milo; 
me entusiasmaba contemplando las nueve musas; tenía adoración por Apolo y 
me pasaba las horas mirando  el cuadro de la Virgen de la silla. 

Ahora no puedo pensar en tales personajes sin encolerizarme. ¿Cómo no? 
Casi me saqué un ojo una noche, entrando a oscuras a mi escritorio, contra el 
busto de Gladstone; otro día la Venus de Milo me hizo un moretón que todavía 
me duele; me alegré de verla con el brazo roto. Después, por sostener  a la 
mascota, me disloqué un dedo en la silla de Napoleón en Santa Elena, un 
bronce pesadísimo, y casi me caí enredado en un tapiz del Japón. 

Luego, todos los días tenía disgustos con los sirvientes. 

Cada momento había alguna escena entre ellos y los adornos de la casa. 

-Señora-decía la mucama-, Francisco le ha roto un dedo a Fidias. 
-¿Cómo ha hecho usted eso Francisco? 

-Señora, si ese Fidias es muy malo de sacudir. 

Otra vez dejaba Fidias de ser maltratado y aparecía el busto de Praxiteles sin 
nariz. Francisco se la había echado debajo de un plumerazo; o bien le tocaba 
el turno a Mercurio, que se quedaba cojo de algún porrazo; ya sabes que 
Mercurio tiene un pie en el aire. 

Bismarck, el rey Guillermo y Moltke en barro pintado, se han escapado hasta 
ahora casi ilesos, gracias a que su pequeña estatura  les permite  esconderse 
tras el reloj de la sala. Pero un gran elefante de porcelana, cargado de una 
torre, pierde cada ocho días la trompa; felizmente se la vuelven a pegar con 
goma. 

Otro día se le ocurre al mismo Francisco limpiar con kerosene el cuadro del 
Descendimiento. 

En fin, he pasado estos últimos años en cuidar jarrones, cortinas, cuadros, 
relojes, candelabros, arañas, bronces y mármoles y en echar gallegos a la 
calle con plumero y todo para que vayan a romperle las narices a la abuela. 

*
No hay idea de los tormentos que he sufrido con mis objetos de arte; básteme 
decirte que muchas veces al volver a mi casa he deseado encontrarla 
quemada y hallar fundidos en un solo lingote a Cavour, a la casta Susana, al 
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papa Pío Nono y a madama Recamier con otros bronces notables de mi 
terrible colección.  

¿Y las flores, las macetas, los ramos, los árboles enteros que mandan a casa y 
que la señora coloca en mi estudio como si tal cosa? El patio es un bosque y 
en el se encuentra toda la flora y la fauna argentinas: hay leones, tigres y 
millones de sabandijas. Los cactus no me dejan ir a mi cuarto, me enredo en 
los helechos y unos malditos arbustos con puntas que están ahora de moda 
tienen obstruida la puerta del comedor, al cual no se puede entrar sin careta, a 
menos de exponerse a perder un ojo. Ya estuve a punto de quedarme tuerto, a 
causa de un “ alisum espinosum” . 

-Mire, Juan- dije un día al portero-, al primero que venga aquí con árboles, con 
bronces o con vasijas de loza, péguele un balazo. 

Ya no hay donde poner nada; para pasar de una pieza a otra es necesario 
volar. Uno de mis amigos, muy aficionado a los adornos, ha tenido que alquilar 
una barraca para depositar sus mármoles, sus bronces y sus cuadros. Yo 
tengo una estatua de la Caridad que es el terror de cuantos me visitan; no sé 
por qué arte todos tropiezan en ella…  En casa de otro amigo se perdió un día 
un niño que había ido con su mamá. Cuando ésta quiso retirarse, se le buscó 
inútilmente en todas partes; al fin se oyó un llanto lastimero que parecía venir 
del techo y voces de “ ¡aquí estoy, aquí estoy!” . El pobre chico se había metido  
en un rincón del que no podía salir porque le cerraban el paso un chifonier, dos 
biombos, una ánfora de no sé donde, los doce Pares de Francia, ocho 
caballeros cruzados, un camello y Demóstenes de tamaño natural en cinc 
bronceado. ¡Vaya usted a limpiar una casa así! Lo primero que se me ocurre al 
entrar en un salón moderno es pensar en un buen remate, en un terremoto o 
en un incendio” . 

*
Tengo intención de pasar aquí una temporada, y estaría del todo contento si 
no fuera la espantosa expectativa de volver a mi bazar. Algunas noches sueño 
con mis estatuas. 

Hasta he pensado alguna vez en fingirme loco y arrojar a la calle por la 
ventana los bustos de los hombres más celebres, los cuadros, las macetas, las 
arañas y los espejos. En fin, tengo un consuelo: no ocurre casamiento, 
cumpleaños o bautismo en casa de amigos, que no me proporcione el placer 
de soltarle al beneficiado algún león de alabastro, un oso de bronce o los 
gladiadores de hierro antiguo. ¡A incomodar a otra parte y allá se les avenga el 
novio, el bautizado o el que festeja un aniversario! 

Excuso decirte que, cuando un sirviente torpe echa abajo un armario lleno de 
loza y cristales, no quepo en mí de contento. 

Escríbeme pronto y no te olvides de comunicarme en el acto, si por acaso 
quiebra la casa de lacaste o la de algún otro bandolero de su estirpe. 

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Te recomiendo, además, que si puedes no dejes de hacerme robar, durante mi 
ausencia, algunos pedestales con sus correspondientes bustos, varios cuadros 
y todos los muebles de mi escritorio. 

Sobre todo, por favor, hazme sustraer las palmeras que obstruyen los 
pasadizos y el “ alisum espinosum”  de la puerta del comedor, al cual profeso la 
más corrosiva ojeriza. 

En último caso puedes recurrir al incendio: ¡te autorizo! 

Tu amigo 
Baldomero Tapioca.
P.D. –  Si el día 1° de año me mandan tarjetas de felicitación, cartas o 
telegramas, toma todo ello del escritorio, haz un paquete y mándalo a Francia, 
dirigido al presidente Carnot, con una carta insultante, diciéndole que su nación 
tiene la culpa de que, a más de todas las mortificaciones criollas que 
soportamos, tengamos todavía que aguantar la moda de las felicitaciones de 
año nuevo. 

Vale.
Eduardo Wilde, “ La lluvia”  y otros relatos, Buenos Aires: CEAL, 1992. 

T. NARRATIVO 3er año (imprimir)


La narración. 
Texto alternativo : 
"Todos los años por el mes de marzo una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos Primero llevaron el iman Un gitano corpulento de barba montaraz y manos de gorrion que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración publica  de lo que el mismo llamaba la octava maravilla de los sabios de Macedonia  Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metalicos y todo el mundo se espanto al ver que los calderos las pailas las tenazas y los anafes se caian de su sitio y las maderas crujian por la desesperacion de los clavos  y los tornillos tratando de desenclavarse y aun los objetos perdidos desde hacia mucho tiempo aparecian por donde mas se les había buscado y se arrastraban en desbandada turbulenta detras de los fierros magicos de Melquiades. "Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento- todo es cuestion de despertarles el anima". José Arcadio Buendia, cuya desaforada imaginacion iba siempre  mas lejos que el ingenio de la naturaleza y aun mas alla del milagro y la magia penso que era posible servirse de aquella invencion inutil para desentrañar el oro de la tierra. Melquiades que era un hombre honrado le previno "Para eso no sirve" Pero Jose Arcadio Buendia no creia en aquel tiempo en la honradez de los gitanos asi que cambio su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados Ursula Iguaran su mujer que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio domestico no consiguio disuadirlo "Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa" replico su marido Durante varios meses se empeño en demostrar el acierto de sus conjeturas Exploro palmo a palmo la region inclusive el fondo del rio arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquiades Lo unico que logro desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de oxido, cuyo interior tenia la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando Jose Arcadio Buendia y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer."
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, Cien años de Soledad. 1967. 

T. ARGUMENTATIVO (4to-imprimir)



   ¿Por qué tenemos que amar a nuestros enemigos? La primera razón es evidente. Devolver odio por odio multiplica el odio y contribuye a que la oscuridad de una noche que ya no tiene estrellas sea más intensa todavía. La oscuridad no puede suprimir a la oscuridad; sólo puede hacerlo el amor. El odio multiplica el odio, la violencia multiplica la brutalidad en una espiral descendente de destrucción. (...) 
   Debemos amar a nuestros enemigos por otra razón; el odio hiere el alma y deforma la personalidad. Atentos al hecho de que el odio es una fuerza mala y peligrosa, pensamos demasiado a menudo en sus efectos sobre la persona odiada. Se comprende, pues el odio causa perjuicios irreparables a sus víctimas. 
   Sin embargo, existe otro aspecto que no debemos olvidar nunca. El odio también es nefasto para la misma persona que odia. Como un cáncer oculto, el odio corroe la personalidad y destruye la unidad vital. El odio destruye al hombre en sus valores y en su objetividad. Le lleva a considerar lo bello como feo, y lo feo como bello, a confundir la verdad con la mentira y la mentira con la verdad. 
   Una tercera razón para amar a nuestros enemigos es que el amor es la única fuerza capaz de transformar un enemigo en amigo. No nos desharemos nunca de un enemigo ofreciendo odio al odio; no nos libraremos de un enemigo ofreciéndole enemistad. El odio, por su misma naturaleza, arruina y destruye; por su misma naturaleza, el amor crea y construye. El amor transforma por su poder redentor. 
                     MARTIN LUTHER KING 
ACTIVIDADES:
1.- Escribe tres textos de unas 10 líneas cada uno: 
                   * uno, descriptivo 
                   * otro, narrativo 
                   * y otro, argumentativo 
   2.- Analiza las siguientes oraciones simples: 
                - El hombre no siempre parece un animal racional 
                - En verano hace calor en todas partes 
                - El partido de ayer fue suspendido por el árbitro 
                - Habría unas cinco mil personas en la feria 
                - ¿Dónde has dejado mis cosas? 
   3.- Analiza las siguientes formas verbales: 
                  - habíamos sido empujados 
                  - aprobaremos 
                  - podría 
                  - fueron 
                  - hubo 
   4.- Preguntas sobre el texto: 
                a.- Redacta un resumen del contenido 
                b.- Determina cuál es el tema del texto 
                c.- Realiza un comentario crítico personal en tercera persona. 
  

GRUPO CRISTIANO ALMA

PRESENTACIÓN 10/03 EN GREGORIA PEREZ E H. IRIGOYEN A LAS 21 Y 30 HS ENTRADA GRATIS